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sábado, 13 de noviembre de 2010

El sorete corporativo

Al sorete corporativo jamás se le ha escuchado insultar. Su lenguaje y dicción son dignos de un locutor de Canal Luz. Esporádicamente se le ha escapado un improperio, pero siempre ha sido en aquellas (indignantes, para él) situaciones que perjudicaban a la empresa.

Siempre va vestido por demás de elegante, exagerando aquello de "hay que vestirse para el puesto que se quiere y no para el que se tiene". Lee y relee el manual de inducción de la empresa, no vaya a ser que el color de la camisa no haga juego con el logo de la empresa y la dirección piense que él no está alineado con los objetivos globales. Dios nos libre.

El sorete corporativo lee cuanto libro de Management y Recursos humanos cae en sus manos. Y una vez que lo leyó, lo repite como loro. Se conoce al dedillo la definición y uso de palabras y expresiones de la jerga corporativa barata, como "proactivo", "sinergia", y "agente del cambio", y las usa cada vez que puede, especialmente si está su jefe presente.

El sorete corporativo abrevia los nombres de la gente que trabaja con él, como si eso fuera a hacerles creer que es mejor persona. Por eso llama Pablín a los Pablos, Mari a las Marías, Gus a los Gustavos, y hasta un patético Luquini a los Lucas. Esto obviamente tiene el efecto contrario: si la gente le tenía bronca, al ser llamados con esos apelativos directamente llegan a odiarlo.

Si el sorete corporativo tiene un puesto de jerarquía, tiende a pensar que su jerarquía se extiende más allá de su oficina. Si está haciendo un curso, da órdenes camufladas de preguntas, como "¿Vos te podrías hacer cargo de la videoconferencia?", y si obtiene un "no" como respuesta, pone una sonrisa que quiere mostrar un "Bueno, no hay problemas" pero que en realidad significa "Apenas puedo, te abrocho".

Con sus subordinados actúa como si de verdad los apreciara, pero no duda en reportar a su jefe cualquier acción que pueda perjudicarlo a él. Todo, obviamente, por el bien de la empresa.

Cuando el sorete corporativo habla en reuniones de trabajo, se refiere a la empresa como a "nosotros". Y siempre habla en nombre de la gerencia, pidiendo votos de confianza y prometiendo beneficios que jamás llegarán. Los gerentes lo adoran, porque les ahorra el trabajo de mentir. Y encima miente bien.

Resumiendo, el sorete corporativo suele hacer carrera en todas las empresas por las que pasa. Y el motivo está muy claro: sabe besar culos para arriba y escupir para abajo.

Cualquier semejanza con la realidad, es pura realidad.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Fiel, un cuerno

Leo en el blog de Dr Gen:
"Se entrevistaron 112 personas de manera online y personalmente.
Según el estudio, los hombres se molestan más con la infidelidad sexual, mientras que las mujeres encuentran más molesta la infidelidad emocional."
Entonces, imaginemos:

Él: Tengo que confesarte algo...
Ella: ¿Qué cosa?
Él: Yo... te fui infiel...
Ella: ¿¡¿Qué?!? ¡¡¡Sos un malnacido!!!
Él: Te pido perdón...
Ella: ¡No te perdono nada! ¡¡¡Me dijiste que me querías!!!
Él: ¡Es que yo te quiero de verdad! ¡Por ella no siento nada!
Ella: Pero...
Él: ¡Fue solamente sexo!
Ella: Aaaaay... ¡qué tierno!

Se entiende: los hombres somos capaces de soportar que una mujer quiera más a otro; pero que nos diga que coge mejor con el otro, nos resulta intolerable.

lunes, 6 de octubre de 2008

De bus, sí

Digo yo... si el colectivo está casi vacío... si no existen discapacidades ni impedimentos físicos... ¿¿¿Por qué mierda la gente insiste en bajarse por la puerta de adelante??? 

Y como si esto fuera poco, cuando tratás de subir, te piden permiso como si vos fueras un hijo de puta insensible.

Dejame de joderrrr...

martes, 30 de septiembre de 2008

Outsourcing referencial

La gente que habla de sí misma en tercera persona (autoreferenciándose ya sea por su nombre, su apellido, o ambos), está decididamente mal de la cabeza.

martes, 19 de agosto de 2008

Flashback pelotudo-enológico

Antes, si eras un pelotudo, ibas a una reunión social y a los 5 minutos quedaba en evidencia que eras un pelotudo.

Hoy, si sos un pelotudo, vas a una reunión social, te ponés a hablar de vinos en base a un artículo que leíste en alguna revista pedorra, y quedás como un erudito.

Tiempos modernos, que le dicen...

jueves, 7 de agosto de 2008

Clara, o "La adicta al trabajo"

Clara trabaja en una PyME1. Es responsable, organizada y meticulosa, todo eso regado con una alta dosis de ansiedad. Dicho de otra forma, Clara es una histérica enfermiza.

Cuando a su vida se refiere, Clara siempre dice que ella tiene muy en claro sus prioridades. Y que su prioridad número uno es la responsabilidad en el trabajo. Por supuesto, esto implica que con tal de llegar a fecha con un proyecto, Clara es capaz de trabajar sábados y domingos, o de quedarse hasta la madrugada armando esa presentación tan importante. Por supuesto, Clara asume que los demás tienen las prioridades en el mismo orden que las de ella. Es por eso que si alguien le dice que no está de acuerdo con trabajar un fin de semana, Clara se ofusca y habla del compromiso con el cliente, con las fechas de entrega y con el período de desove del salmón camboyano.

Cuando está por llegar la fecha de entrega del proyecto, Clara se acuerda de todos los documentos que no relevó y se pone a recopilar la información que falta. Llega a tiempo para que su equipo tenga los documentos... un día antes de la fecha de entrega. Pero eso sí, Clara tiene muy en claro sus prioridades: ella relevó todo antes de la fecha de entrega y ahora hay que cumplir con el compromiso. No le importa si los demás tienen que correr como locos: hay que cumplir con el cliente a como dé lugar.

El novio de Clara es, o bien igual que ella, o bien un pobre tipo que se deja dominar. Es capaz de seguirle la corriente y de perder fines de semana trabajando a la par de ella para acompañarla porque "este esfuerzo que yo hago es un crecimiento profesional y lo hago por los dos". Pobre infeliz, ni se le ocurra rozarle una teta: Clara le espetará un tajante "¡Dejame!, ¿no ves que tengo que terminar esto, que es importante?".

Si el proyecto sale bien, Clara argumentará que fue gracias a su meticulosidad y proactividad. Si sale mal, argumentará que fue porque no existió compromiso por parte del equipo.

Sea cual sea el caso, yo siempre argumentaré que Clara es una histérica mal cogida.

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1 En Argentina: sigla utilizada para designar a la pequeña y mediana empresa.

lunes, 14 de julio de 2008

Carrera contra la higiene

Oído al pasar dos niños corriendo:

"¡¡¡El que llega último, se baña primero!!!"
Y yo preocupándome por boludeces...

martes, 1 de julio de 2008

Verde que te quiero verde (ii)

Hace un tiempo publiqué un post sobre Greenpeace. Resulta que en estos días los famosos están haciendo campañas y manifestaciones (auspiciados por Greenpeace) para concientizar a la gente acerca de los derechos de los animales, a fin de que se dejen de usar pieles en los tapados, así como también que se dejen de hacer experimentos con animales en los laboratorios de cosmética. Básicamente es una cruzada contra la crueldad hacia los animales.

Intención muy loable por cierto, pero veamos:

  1. ¿Por qué tanto famoso dando vuelta? ¿Realmente les preocupan los derechos de los animales, o será que es una buena forma de promocionarse?
  2. ¿Ninguno de esos famosos usa tapados de piel, o come carne, o se maquilla?
  3. Durante la manifestación:
- Señor, ¿me da una moneda? Hoy no comí nada...
- Pero ¡correte, nene! ¿¿¿No ves que hay animales sufriendo??? Y vos me venís a molestar por una moneda... ¡Haceme el favor!
Y eso no es todo... después se viene la campaña contra la crueldad hacia las plantas.

No sé ustedes, pero a mí cada vez me dan más repulsa estas careteadas.

Paradoja facial

Ayer iba por la peatonal cuando vi que en sentido contrario venía una señorita, bastante atractiva ella. Venía como mirando un punto distante, demasiado alejado para el resto de los mortales. Su rostro parecía transmitir un mensaje que en ese momento no pude descifrar. Después de un rato, lo logré.

El mensaje era:

"Odio al género masculino y a todos los especímenes que lo conforman, pero al mismo tiempo me muero por una cepillada"
Y yo con estas mechas...

martes, 10 de junio de 2008

El Poli está de luto

Hoy me llegó un mail avisándome del fallecimiento del Ingeniero Miguel Ángel Pereyra, ex-director del Poli (mi escuela secundaria, de la que ya he comentado alguna vez).

No tuve la suerte de tenerlo de profesor, pero las pocas veces que tuve trato con él me sirvieron para saber que fue un tipo muy groso.

Hace un par de años atrás, en mi camino a la clase de inglés, lo veía siempre en el café de la esquina de casa, sentado a la mesa, ya jubilado y solo, y realmente me costaba no sentir tristeza.

Hoy se fue. Y el Poli está de luto.

lunes, 4 de febrero de 2008

No alimentar al troll

"¿No alimentar al troll? ¿Qué es un troll?", se preguntarán ustedes. Veamos qué dice mi querida Wikipedia.

"En la jerga de Internet, un troll (a veces trol) es un mensaje u otra forma de participación que busca intencionadamente provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los hilos de las discusiones, o bien provocar flamewars, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí. El troll puede ser más o menos sofisticado, desde mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema, a sutiles provocaciones o mentiras difíciles de detectar, con la intención en cualquier caso de confundir o provocar la reacción de los demás.

Aunque originalmente el término solo se refería a la práctica en sí y no a la persona, un desplazamiento metonímico posterior ha hecho que también se aplique a las personas que presuntamente incurren en ese tipo de prácticas. Su origen etimológico más probable evoca la idea de «morder el anzuelo» (troll es un tipo de pesca en inglés)."
"Pero ¿qué sentido tiene esto? ¿Quién podría hacer tal cosa?", se volverán a preguntar. La respuesta es simple: gente que tiene mucho tiempo libre, o mucho resentimiento libre (adolescentes en vacaciones, adultos mal llevados, ex parejas, y gente con acceso a internet en general).

Un ejemplo clásico: alguien que sabe que te encantan las papas fritas espera a que escribas un post acerca de la comida y deja un comentario diciendo algo como "Es cierto, y también están los tarados que comen papas fritas", con toda la intención de que te moleste y le respondas. Pero generalmente se vuelve fácil detectarlos, por la mala leche que destilan sus comentarios.

Así que, queridos amiguitos: No alimentar al troll.

Y queridos (o no tanto) trolls: a hacer dieta.

sábado, 14 de abril de 2007

Barbarita

Barbarita no llega a los 301. Suele lucir una lacia cabellera que oscila entre el rubio y el castaño claro, pero siempre con inclinación al rubio. Viene de una acomodada familia de clase media-alta o directamente alta, y toda su vida escolar la pasó en un colegio de monjas.

Barbarita permanece toda su vida en una edad mental promedio de 15 años. Ama con la misma pasión con la que odia: una pasión infantil. Tal es así que puede pasar de un extremo al otro en cuestión de horas.

Barbarita necesita ser objeto de atención en forma permanente, lo que la convierte en persona molesta hasta para sus allegados más íntimos. En un entorno laboral resulta directamente insoportable, dado que grita todo el tiempo para obtener la atención que de otra forma no podría. Sus compañeros de trabajo suelen hacer comentarios del tipo "A esta lo que le hace falta es que se la cojan atiendan bien, así se calla un poco", aunque ninguno se anima por el riesgo de quedar pegado a esta especie de abrojo humano.

Cuando Barbarita se enamora, lo grita a los cuatro vientos. Llama a sus amigas un domingo a las 7 de la mañana para contarles que él le regaló flores, o manda mensajes al amanecer para que todos sepan lo enamorada que está. En su adolescencia anda con 20000 tipos distintos en un mes, pero no vacila en tildar de "puta" o "atorranta" a la amiga o conocida que se encamó con un tipo sin estar casada.

Barbarita necesita adaptarlo todo a su forma de ver el mundo, por lo que le cambia el nombre a todo lo que puede. Si te llamás Juan, te dice Juani. Si ve un perro, le dice perri. E invariablemente se refiere a su computadora como a "ella". Y también le pone nombre.

Barbarita, por su misma esencia, no se ve a sí misma y a los demás por lo que son, sino por lo que tienen. Es por eso que tilda de viejos a los que tienen un celular de más de dos años de antigüedad, y renueva el suyo propio cada un año, no vaya a ser que alguna de sus amigas tenga uno más moderno. Y si es una Barbarita informatizada, instala cuanto parche y versión nueva de software salga. El peor caso es con MSN Messenger. Barbarita tiene toneladas de emoticons inútiles, que se complace en usar por cualquier pelotudez.

Barbarita invariablemente tiene una mascota, de la que dice que es su hijo o hija. Claro, habría que preguntarle al pobre animal que, sin embargo, es probable que caiga en la categoría de "mascota Barbarita". Por ejemplo esos perros caniche toy que ladran incesantemente como histéricos y a los que dan ganas de matar de un fierrazo en la cabeza.

Cuando Barbarita se casa (generalmente con un Barbarito), vive en un cuento de hadas hasta que la muerte los separe. Salvo que los separe otra mujer (u otra Barbarita, claro). En ese caso se sume en la más profunda de las depresiones hasta que encuentra otro hombre que la soporte. Y si no lo encuentra, a los 40 se da cuenta de que el verdadero objetivo de su vida es ayudar a los más desprotegidos. Y se pone a adoptar cachorros abandonados y a participar en marchas para salvar ballenas, atunes, focas, osos polares, armiños y cualquier otra especie en extinción o en peligro. Siempre que no sean humanos, claro.

Aunque a algunas Barbaritas les pega por el lado de la maternidad. Entonces ¿qué hacen? Como no quieren pasar por las penurias del embarazo-parto, adoptan. Pero no adoptan cualquier bebé. No. Adoptan un bebé de un país africano sumergido en una guerra sangrienta, asegurándose de que el bebé no esté desnutrido ni tenga SIDA, claro. Y después sí: a mostrarse con el vástago en cuanto lugar se pueda. Porque una cosa es adoptar un bebé morochito, y otra muy distinta es adoptar un bebé negrito auténtico, que te da status.

Y el status es una tentación a la que Barbarita no puede ni podrá resistirse jamás.

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1 Hay excepciones. No hay nada más insoportable que una vieja Barbarita o una Barbarita vieja. Pero eso no es importante ahora.

miércoles, 28 de marzo de 2007

La insatisfecha

Está entre los 35 y los 40. Suele arreglarse bien, pero hiede a mezcla de perfume con diversas capas de maquillaje y como sea que se llamen las cosas que se pone para aparentar menos edad de la que tiene (vaya uno a saber de dónde sacó que tener 30ypico es un defecto a ocultar). Adora la música romántica del momento, especialmente Sabina, Arjona y Sanz, al que llama cariñosamente "Ale", como si lo conociera de toda la vida.

Generalmente la insatisfecha viene de una o varias experiencias de pareja frustradas, que la han convencido de que los hombres somos cerdos que sólo pensamos en sexo. Salvo ese hombre especial que cree llegará de un momento a otro. Pero mientras lo espera se queja con sus amigas más íntimas de que "ya no quedan hombres". Claro: la definición de "hombre" para ella es "un ser humano de sexo masculino, con excelente físico, intelecto superior, cariñoso pero no blando, firme pero no violento, con buen pasar económico y, de ser posible, huérfano de madre". La insatisfecha tiende a ver a aquellos hombres que no encajan en esta definición como meros obstáculos en su búsqueda del Vellocino de oro humano.

La insatisfecha tiende a ser amargada, resentida y (generalmente) envidiosa. Pero, según su propia visión, es buena persona, perdona pero no olvida y tiene "envidia sana" (aunque la envidia nunca sea sana). Por ejemplo, cuando ascienden a un compañero de trabajo, la insatisfecha piensa que ella es más merecedora del ascenso, al tiempo que felicita calurosamente a su compañero de trabajo. O si alguien hace un comentario de tono humorístico, la insatisfecha frunce la cara, mira con desprecio y sigue con lo que estaba haciendo, como si el comentario no fuera digno de palabra alguna. Eso sí: si el que hizo el comentario es un hombre de su interés, la insatisfecha se desvivirá (hasta rozar el ridículo) por demostrarle que la broma le causó mucha gracia (aunque en realidad sea una pelotudez).

Generalmente es fácil detectar a la insatisfecha en los shows de strippers, porque es la que se pone en primera fila con desesperación, para no perderse detalle. Y es la que grita más fuerte, como descargando años de frustración sexual (ya sea por falta o por mala calidad).

También se la puede detectar por la forma en que habla de temas "serios": arquea ligeramente las cejas, poniendo cara de tener la verdad absoluta y mirando ligeramente de costado, al tiempo que frunce la boca como si estuviera constipada. Y ni se te ocurra insinuar que no estás de acuerdo con lo que dice, porque te fulmina con la mirada. Y si está en el medio de una charla con otra gente y alguien comienza a tratar un tema poco usual (ciencia, religión, tecnología, etc), la insatisfecha pondrá cara de... insatisfecha, haciendo sentir a su interlocutor que es un nerd desubicado e indigno de contacto humano.

También suele ser quejosa. Muy quejosa. Si es verano, siempre hace calor (aunque el aire acondicionado esté a 5º). Si es invierno, siempre hace frío. Ah, y el olor a encierro. Vive quejándose del olor a encierro. Se ve que su propio olor es tan fuerte que no puede dejar de sentirlo.

Cuando la insatisfecha encuentra un posible candidato, se apega a él como si su vida dependiera de ello. Y alardea con las amigas, contándoles lo maravilloso que es él. Pero obviamente, como el candidato nunca es exactamente lo que esperaba, a la primera de cambio ella le hace notar lo insensible que es y lo desconsideradamente mal que la trata (regando sus palabras con litros de lágrimas), lo que puede derivar en dos situaciones:

  1. Si el tipo tiene carácter, termina cansándose y dejándola (y dándole nuevo material para defenestrar al género masculino).
  2. Si el tipo no tiene carácter, se siente culpable y se queda con ella (cagándose la existencia sin saberlo, claro).
Como casi todas sus amigas están casadas o en pareja, la insatisfecha suele rodearse de nuevas amigas más jóvenes que ella, y se prende en cuanta joda se arme. Claro, después empieza a quejarse: el lugar queda lejos, se hace tarde, el ambiente no le gusta, etc etc, haciendo que el resto del grupo termine no invitándola a salir más. Pero el ego de la insatisfecha le hará decir que sus nuevas amigas dejaron de invitarla por miedo a que les haga sombra.

Lo que la insatisfecha no sabe es que en realidad está harta de ella misma, harta de ser como es y harta de no saber cómo dejar de ser como es. Se muere por tener un romance adolescente, pero es demasiado orgullosa para admitirlo. Se armó una cáscara tan gruesa, que no puede ver el mundo con ojos limpios: siempre ve dobles intenciones donde no las hay.

Cualquier semejanza con la realidad, es pura realidad, nomás.

viernes, 16 de marzo de 2007

Pajeros automáticos

Hace un par de días fui a sacar plata al cajero automático de San Martín y Pellegrini y tuve una revelación mística: los cajeros automáticos son centros energéticos camuflados.

Sí, tal como lo leen. Yo sé que suena a delirio, pero cada vez estoy más convencido. De lo contrario no me explico cómo es que ciertos cajeros automáticos tengan siempre una cola kilométrica formada por gente tecnológicamente disminuida. Y esto no lo digo en sentido peyorativo, sino porque parece ser que la gente que no sabe cómo usar un cajero es sistemáticamente atraída a una especie de centro magnético, cuya representación material es la mismísima máquina en cuestión. Y ojo, que no hablo de viejitos a los que les encajaron el cambio tecnológico les guste o no, sino de gente medianamente joven.

Uno los ve mirando la pantalla y tecleando despaciiiiiiito, como revisando 30 veces si la opción que eligieron es la correcta, no vaya a ser que presionen mal una tecla y vacíen todo el dinero acumulado en su cuenta. Y peor cuando van en manada. Generalmente son tres o cuatro vaguitos a los que uno ve entrando al cajero muertos de risa, ya sabiendo que van a demorar una eternidad. Y sí: se demoran, se demoran, se demoran... Y uno no sabe si están boludeando o si son consumados crackers que lograron convertir al cajero automático en una consola de videojuegos y se engancharon jugando al "Counter Strike". Pero la duda dura poco: estaban boludeando, porque salen con la plata en la mano, todavía muertos de risa e ignorando la mirada de odio que les dirige el resto de la cola.

Ah, y si no está la pareja que entra con su nene de 6 tiernos añitos de edad, que está aprendiendo los números en la escuela. Y claro, el nene reconoce los números y quiere apretarlos. Y negárselo sería poco pedagógigo por parte de los papis. Así que alzan upa al nene y lo dejan teclear. En una pantalla táctil. Con sus deditos pegoteados de caramelo, dulces y mocos. Y claro, hay que darle tiempo. Y los que estamos afuera, ¡chochos de la vida! Total, tenemos todo el día; por eso vamos al cajero automático. Si no, iríamos al banco a tratar con un cajero humano, claro.

Pero, volviendo al tema inicial, creo que hay cajeros automáticos con la extraña propiedad de atraer a gente tecnológicamente disminuida. Si no, no hubiera tenido que esperar 10 minutos para que 3 personas (que entraron juntas) saquen plata. Tampoco digo que tengan que batir mi record de 30 segundos de permanencia máxima en un cajero automático, pero todo en su justa medida.

En fin...